La guerra microfónica honduro-nicaragüense de 1937

Hace ochenta años se dio el repunte del tradicional diferendo limítrofe entre Nicaragua y Honduras, gobernada desde 1931 por el general Tiburcio Carías Andino. ¿Su motivo? La emisión de una estampilla del gobierno de Nicaragua, presidido desde el 1 de enero de 1937 por Anastasio Somoza García, quien en su mensaje del 15 de diciembre de ese año —habiendo concluido en octubre dicho conflicto, informó que en dicha estampilla el mapa de Nicaragua abarcaba la zona entre los ríos Aguán y Coco con la leyenda “Territorio en Litigio”.

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Ante este hecho, el gobierno de Honduras protestó —a principios de agosto— exigiendo el retiro de la circulación del sello postal porque, a su juicio, atentaba contra la soberanía de su nación y desconocía el límite señalado por el Laudo que en 1906 había emitido Alfonso XII. En su mensaje citado, Somoza García declaró: “Planteado así, intempestivo, un conflicto que mi gobierno no tuvo intención de suscitar —precisamente por la circunstancia de que la estampilla es copia fiel del mapa de Nicaragua, vigente durante seis administraciones, reconocidas y ponderadas amistosamente por otros gobiernos hondureños—, quise proceder serenamente; y, sin perder de vista el decoro y la dignidad nacionales, resolver en justicia, y con ecuanimidad, consultando el caso a los prominentes hombres de los dos principales partidos políticos nicaragüenses”.

Todos los consultados, entonces, resolvieron que la estampilla no debía retirarse por dos razones. Primera: no atentaba contra la soberanía de Honduras, ya que el Laudo emitido “nunca jamás fue ratificado por los Poderes Públicos de Nicaragua, tal como lo establece nuestra Constitución Política”. Y segunda: “porque siendo una copia fiel de nuestro antiguo mapa oficial, estaba en completo acuerdo con los hechos históricos y con el status de nuestro conflicto de fronteras”.

Tal criterio prevaleció en la respuesta dada por la Secretaría de Relaciones Exteriores al gobierno hondureño, no sin hacer constar también que este había editado en 1935 otro sello postal —para circularse hasta 1938— con el mapa de la vecina república en el cual se comprendía, como hondureño, el territorio en litigio. En consecuencia, las tensiones entre ambos países fueron promovidas por sus respectivas radiodifusoras. Estas protagonizaron una guerra de denuestos microfónicos. En Managua defendieron la causa nacional y manifestaron en un comunicado su “adhesión y solidaridad con el Señor Presidente de la República”. Firmaron ese documento Moisés LeFranc por Radiodifusora YNLF, Benjamín J. Guerra Lupone por Radiodifusora Rubén Darío, Octavio Delgado por YNOD, Adán Díaz F. por Alma Nica YNGU, Miguel Hernández por Radiodifusora Bayer Inop, R.R. Cut Jr. por La Voz de los Lagos y Francisco Fiallos por Pilot YNPR (La Prensa, 2 de septiembre de 1937).

En Honduras unos 500 nicaragüenses fueron hostilizados por las autoridades y civiles hasta tal punto que aceptaron repatriarse por el gobierno de Somoza García a través del Atlántico y el Pacífico. El 10 de octubre la legación hondureña en Managua recibió una lluvia de piedras. El país respiraba aires bélicos. En Matagalpa se organizó una colecta para comprar aviones. Los jefes políticos de Managua y Masaya hicieron lo mismo. Cinco pilotos nicaragüenses que estudiaban en el extranjero (México y El Salvador) regresaron al país. Se habló que el gobierno había comprado aviones, pero no era cierto.

Por su parte, la cancillería nicaragüense acusó al gobierno de Carías de permitir la circulación de hojas sueltas contra los trabajadores nicas en las empresas bananeras de la Costa Norte. Un cable procedente de Nueva Orleans aseguraba que el pleito tenía su origen en la intriga y azuzamiento de una de esas empresas que pretendían obtener concesiones en el territorio disputado. Ambos gobiernos se armaron como ningún otro país centroamericano. Nicaragua, por ejemplo, adquirió un magnífico equipo de factura italiana que incluía tanques y cañones antiaéreos, capaces de contener el empuje de la aviación militar del país vecino.

Pero el Departamento de Estado —a través de Sumner Welles— urgió a las dos naciones a que retiraran sus fuerzas de la frontera común, cancelaran sus respectivas compras adicionales de armamento y remitieran sus diferencias limítrofes al arbitraje en un lugar fuera del territorio de los Estados Unidos. Si bien los litigantes rechazaron el arbitraje, una comisión mediadora —integrada por los Estados Unidos, Venezuela y Costa Rica— se reunió en San José. Así fue evitada la guerra, sin variar el estatus quo. (nota escrita por el señor Jorge Eduardo Arellano y extraida de http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/435985-guerra-microfonica-honduro-nicaraguense-1937)

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