Cuatrocientas radios de un siglo en una colección privada en Benejúzar (Alicante)

Más de 400 radios del último siglo procedentes de varios países componen la colección privada de un amante de estos aparatos, Antonio Ferrández, un vecino de Benejúzar (Alicante) que aspira a que esta población exponga sus piezas en un futuro museo.

“La radio ha sido mi vida”, ha comentado a Efe este profesional de la electrónica y restaurador de todos y cada uno de las transistores exhibidos en esta colección.

Ferrández ha reconocido su gusto por la música desde pequeño, inculcada por grandes profesionales como su padre o su abuelo pero, especialmente, su afición “por fabricar cosas que hagan música”.

Así, con apenas 18 años y tras terminar sus estudios en Madrid, comenzó a restaurar y construir aparatos de radio y, posteriormente, de televisión en su pueblo natal.

Este benejucense cuenta con la radio antigua más pequeña que se ha fabricado en nuestro país, ‘pulgarcito’, creada en Barcelona en 1954.

Inspirado por esta pieza, su pasión por estos aparatos le llevó tres años después a diseñar una todavía más pequeña que continúa funcionando, pero que nunca vio la luz en el mercado al dejar de fabricarse su mecanismo.

Su colección, de incalculable valor, está formada por aparatos perfectamente catalogados con su marca, año de fabricación y procedencia, entre ellos de Alemania, Estados Unidos, Inglaterra o Italia, además de España.

Cuenta con radios de principios el siglo XX, el más antiguo de todos del año 1922, y también cuenta la primera que incorporó el altavoz, fabricada por Philips en 1930, así como con tres aparatos alemanes con una sola frecuencia y en los que únicamente se podían escuchar las emisiones del régimen nazi.

La censura que había en España en esa época llevó a Ferrández a crear aparatos de radio con dispositivos capaces de eludir las interferencias que se lanzaban desde la dictadura franquista para acabar con “La Pirenaica”, una emisora clandestina que ofrecía información en oposición al régimen.

“Muchos vecinos se acercaban hasta mi casa para comprar estos aparatos y escuchar así lo que no quería el régimen de Franco”, asegura este amante de las radios que, gracias a un transistor, consiguió que su voz recorriese gran parte del mundo al contactar con personas de otros países.

De estos países ha recibido, gracias a sus contactos, muchas de las piezas antiguas que forman parte de este recorrido visual y sonoro por la historia de la radio, esa que busca plasmar en un museo en Benejúzar para que todos puedan disfrutar, tanto como él, de esta única e interesante colección. (EFE)

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